Algunas fotos de la Farmacia Herboristería
Santa Ana de los Frailes carmelitas descalzos:


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Si la salud de las almas ha sido siempre y continua siendo hasta
hoy la principal preoccupación de los religiosos, estos, no
obstante, acordándose del dicho
"Mens sana in corpore sano", se han interesado también de los cuerpos, desrrollando, a través de la observación y la experiencia secular, estilos de vida y remedios saludables, utilizados al interno de las respectivas comunidades y aconsejados a los que encontraban.
Por lo demás, ya habían leído en el libro bíblico del Eclesiástico:

"El Señor ha creado los medicamentos de la tierra y el hombre cuerdo no los desprecia. Dios ha dado a los hombres la ciencia para que pudiesen gloriarse de sus maravillas. Con ellas el médico cura y elimina el dolor y el farmacéutico prepara las mezclas" (Ecl. 38, 4-7).Sobre estas bases, generaciones de monjes han hecho propia y han enriquecido una larga tradición de experiencia popular y de observación directa y han querido hacer fructificar los medios que la naturaleza ha ocultado en las hierbas, para mantener o recuperar la salud y la frescura de los cuerpos. En la misma línea de continuidad se colocan los Padres Carmelitas descalzos de Santa Ana en Génova. El convento, situado sobre la cima de la colina de Bachernia, de donde se goza una espléndida vista del puerto y de la ciudad antigua. Se estableció en 1584 como primera fundación de esta orden religiosa en Italia, unos veinte años después que Teresa de Jesús y Juan de la Cruz iniciasen en España la nueva familia en el ámbito del Carmelo. Mientras que entonces el complejo conventual se elevaba en un lugar aislado, hoy en cambio se puede llegar fácilmente remontando los vericuetos colinares que circundan la centralísima Piazza Corvetto.
Las primeras hurllas documentadas de una " farmacopea" dirigida por los Carmelitas descalzos en Génova se remontan a los años 1721-1729 en el convento de San Carlos, cuya iglesia hasta hoy existente se puede contemplar en los alrededores de la estación de Piazza Principe.Los documentos en cuestión no son muy precisos, pero consienten hipotizar una institución subvencionada por los religiosos y verosímilmente destinada a la asistencia de la población .En cambio ha llegado en todas sus cláusulas la convención aprobada por los Carmelitas descalzos de Santa Ana el 27 julio de 1778 entre el médico Lorenzo Robello y los religiosos en mérito a la "especiería" del convento. Robello se comprometía, a partir del 1° agosto inmediatamente sucesivo, "a servir anualmente el convento de Santa Ana en calidad de quirurgo y de especialista con procurar abastecer, trabajar y surtir la especiería del convento de todas las medicinas y medicinales, tanto para el servicio interno de los religiosos como al servicio externo". en cambio, se le asignaba un salario anual de 130 liras, además de la alimentación y la asistencia gratuita durante quince días en la eventualidad de una enfermedad.

Un caso interesante de médico y farmacéutico que respondía con su trabajo a un religioso, delegado por el prior y prestaba su dedicación en beneficio de los religiosos que lo habían contratado y de los laicos genoveses. El se comprometía a preparar las medicinas y a enseñar su arte a un religioso eventualmente destinado por sus superiores a convertirse en "técnico". De hecho, a breve distancia de tiempo, exactamente el 7 abril 1792, vistió el hábito de los Carmelitas descalzos Domenico De Simoni, que tomó el nombre de Juan de la Cruz. Se confió A él el cuidado y la administración de la "especiería", cuya situación, por lo que cuenta el protagonista, no era de lo más boyante. El de todas formas se las arregló rápidamente, asumió un ayudante y se puso manos a la obra, al punto que durante el año 1798 la actividad había producido un valor de 1.580 liras. Los registros de la especiería nos han reflejado los nombres de las especialidades y la identidad de clientes, algunos de los cuales tomaban los preparados incluso durante largos períodos de tiempo, hasta obtener la curación.Entre los productos más usados se encuentran el maná, las comprimidos contra los gusanos, el azúcar blanco, decocciones de quina, sales de Inglaterra, cinamomo, rosolí, ungüento de flor de amapola, una interesante "bebida alcohólica de incienso, mirra, áloe y espíritu de vino", ungüento para la sarna. Algunas de las especialidades entonces en uso se producen todavía hoy: el jarabe de rosas, un clásico de la Farmacia, disetante, refrescante y blando laxativo; el jarabe de altea, contra la tos y las formas alérgicas; el aceite de almendras dulces, ingrediente de las pomadas contra las irritaciones cutáneas; la miel rosada, usada contra las irritaciones de la cavidad oral; la poción de ruibarbo, con propriedades reconstituyentes en los casos de excesivo cansancio físico y mental; comprimidos laxativas al áloe; la bardana, eficaz para diversos problemas cutáneos; el jarabe de zarzaparrilla, depurativo del organismo, una poción que contiene valeriana, contra el insomnio y las tensiones nerviosas.Entre los clientes figuraban al inicio del Ochocientos el médico Angelo Bruzick, el cirujano Rocco Artisi de Voltri, el cónsul de Dinamarca Giuseppe Alessi Morellet, asiduo consumidor de Elixir Vitae, la especiería del hospital genovés de Pammatone, que adquiría estracto de quina y rosa roja seca, las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa, las monjas de San Silvestre y las de San Jerónimo, el párroco de Crocefieschi. Algún año más tarde la herboristería tuvo contratos con un célebre y discutido médico parisino, el doctor Louis Le Roy, cuya obra principal fue traducida en italiano con el título "La medicina curativa" y publicada en Nápoles en 1825 en cuatro volúmenes.

La especiería propagó sus sugerencias y hacia la mitad del siglo pasado produía las especialidades por él recomendadas bajo forma de jarabes, comprimidos y polvos laxantes. Entre las diversas especialidades "históricas" eran particularmente solicitadas el linimento antireumático, contra la ciática, neuralgias cervicales y de la columna vertebral y los dolores articulares; la cura depurativa, a base de jarabe de zarzaparrilla, poción de boldo y alcachofa, magnesio de cloruro.
La infusión vinosa de muérdago de encina combate los disturbios de la presión y de la circulación de la sangre; la poción de salicaria obvia problemas de inflamación intestinal; la poción de ortiga y parietaria se utiliza para la cura del aparato urinario; el jarabe de erisimo lo toman los cantantes para prevenir problemas a las cuerdas vocales; la poción de encina marina tiene efectos adelgazantes; la poción de eleuterococo es aconsejada en los casos de ansia, stress y tensiones nerviosas.La coniugación de lo antiguo y lo nuevo, la elaboración de los productos naturales con los modernos métodos que mantienen intactas sus propriedades curativas contribuyen a mantener viva una tradición secular.
Teniendo siempre presente cuanto recuerda el angelote de la " Farmacia de los frailes", que acoge los visitantes al ingreso: "Nos medicinam paramus, Deus dat nobis salutem" o sea "Nosotros preparamos las medicinas, Dios nos da la salud". Los Frailes Carmelitas preparan actualmente, en sus modernos laboratorios, una variada gama de productos fitoterapéuticos (a base exclusivamente de productos naturales) ampliamente apreciados, reelaborando las antiguas recetas que se transmiten de hace unos tres siglos enriquecidas mediante los aportes ofrecidos por el actual conocimiento científico.
Fray Ezio y sus colaboradores acogen y aconsejan a los que, provenientes de distintas partes de Italia, visitan la antigua Herboristería conventual.

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"Nosotros preparamos las medicinas, Dios nos da la salud"

Este es el lema de la Farmacia, una sencilla pero auténtica invitación a recurrir al Señor, que se conjuga con la actividad farmacéutica de los religiosos.



Descarga el catálogo de la Farmacia Herboristería Santa Ana de los Frailes carmelitas descalzos en formato pdf



FARMACIA ERBORISTERIA SANT'ANNA dei Frati Carmelitani Scalzi
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